...Y sus lugares y sus olores... y todo.
Dicen por ahí que las separaciones son dolorosas. Pero la nuestra fue casi tan extraña como el comienzo de nuestra pseudo-relación-amorío-qué-sé-yo. Facebook me informó que estabamos juntos, así como me informó que estábamos separados y me habías mandado "al super diablo" como 'vos decís'.
Y bueno, ché. Resulta que hoy me encontré con la sorpresa de tu cara de espanto, de no saber qué iba a pasar... de no saber cuál sería la reacción decimonónica de Marianette (moi), de no saber si te iba a partir la cara con una cachetada de acero o te cortaría el alma con el filo de la indiferencia.
Y me mataste por tres segundos, mientras mi mente procesaba lo siguiente: el primer hombre que me manda al demonio. La Magdalenita casi sufre un "patatús", sin embargo... sigue con la sonrisa de nicotina bien pegada al rostro.
No puedo negar que te quise de manera accidental. Tampoco puedo negar que nunca me acomodé completamente al besarte (sólo al escuchar esa mezcla bella de Agnus Dei hecha por Tiesto). En fin, todo tiene un ritmo.
El ritmo acelerado del amor, el ritmo lento de la vejez y el ritmo intermitente de los besos.
Ahora empecé un nuevo ciclo. La Magdalena tiene planes, nuevas tragedias y carcajadas que disfrutar.
En fin... dejaré de referirme a mí misma como si hablara de otra persona, terminaré loca.
Y terminaré peor si no te entrego esa carta... la última.
...Y mi último beso de Agnus Dei, para que arda.
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