domingo, 27 de junio de 2010

Far away, so close... it's never enough


Llego en una nube, con un papel con ideogramas que representan un compromiso y una sonrisa bien dibujada, pero no es suficiente.



Debo sentarme por tres meses a llorar por un hombre débil, el "príncipe", el falso. No debo tener novio, no debo salir con hombres, no puedo estar sola, no puedo dejar mi hábito de cambiar de pareja como de calzones. Sigo siendo "una de esas mujeres", sigo siendo golpeada por el látigo de la desaprobación, por las miradas desconsoladas.



Nada duele más que un corte hecho por tu propia sangre, nada hiere más que el aliento caliente y las palabras de navaja. Soy una de esas mujeres, soy una mujerzuela, soy un corazón de condominio.



Lamento que mi felicidad te traiga malestar, pido disculpas por ser así, pido perdón por considerar al amor como un aspecto importante en mi vida. Perdón por no ser de las mujeres que sólo buscan un millonario, modelo y extranjero, sin importarles ninguna clase de sentimiento.



Y sí, como dijiste: "tal vez te estoy condenando a estar sola"; me condenas, me hieres, me haces un nudo en el estómago.



Lloro de rabia, de vergüenza, de dolor. Lloro, pero estaré acompañada hasta que yo decida, porque ya no tengo diez años. Soy un choque automóvilístico, destrozo la imagen de un paisaje perfecto, las llantas siguen atropellando los conceptos de "correcto e incorrecto".



Gracias por tirar la primera piedra a la Magdala.

Sleeping under Calico skies


"If I could stay then a night would give you up. Stay and the day would keep its trust" -U2 (Stay)


Un día comencé a volar, sin embargo, la calle se volvió angosta y yo caí sobre el pavimento húmedo, pensando en la palabra que llegó a romperme el esquema: Estabilidad. Me cansé de los mujeriegos, de los alcohólicos y los enajenados... dentro de mi alma esperaba que el príncipe azul apareciera al doblar la esquina, con una carroza, un ramo de rosas y la promesa de amor eterno.


Destrocé mis ilusiones y seguí caminando con las alas en una mano y un tabaco encendido en la otra. Nadie quiere una Magdala como pareja para toda la vida, es difícil, es un dolor de cabeza.


Iba caminando con una lágrima en la mejilla izquierda y te encontré.


Tu olor en mi ropa me pone a volar. Vuelo, veo todo desde arriba, desde un lugar donde me siento completamente segura. Mil pensamientos dan vueltas dentro de mi cabeza y la palabra "estabilidad" se convierte en un grito dentro de mi pecho.


Podría decirte que mañana nos vayamos a Paris, o que empecemos a ahorrar para comprar una casa con un jardín enorme lleno de rosas, sin embargo, no lo haré, porque aún somos jóvenes, y aunque mi madre diga que mi reloj biológico está gritando, no creo que sea el momento adecuado.


A ratos pienso que hay personas que nacieron destinadas a estar juntas, y este podría ser el caso. Eres la persona que no podía encontrar, el que se va hasta el quinto infierno para abrazarme, el que reta a los entes del inframundo y me rescata de una depresión felina inminente.


Hoy fue un día difícil: perdí un duelo con la muerte, dormí mal y mi alma se quemó. Fue difícil hasta que fuiste por mí al infierno. Estoy sentimental y quiero abrazarte, dormirme así, quitarme toda complicación.


Quiero compartir mi tristeza contigo, quiero sanar a tu lado y te agradezco haberme salvado de las sombras por hoy.
"It was written that i would love you..."

sábado, 26 de junio de 2010

Pérdida



Animal asexuado de nombre bisílabo, me haces falta.



Su caminar iluminaba la habitación en penumbras, y rompia el humo. Se fue, como la luz de una vela, en silencio, ante mis ojos, y yo no supe qué hacer. Conoció a mis amantes, a mis amigos y repudiaba a todo aquél que me hizo daño. Fue mi amigo, mi consuelo, mi luz. Estuvo a mi lado en mis peores momentos, en mis muertes no anunciadas, en mis sueños, en mis suicidios, en mi vida.



Su androginia lograba hacer pedazos mi depresión (lamento haberte tratado como hembra durante tanto tiempo). Sus canciones favoritas me metían en un estado de irritación inigualable, sin embargo, no podía dejar de escucharlas por verlo tan feliz (y hoy es demasiado difícil escucharlas sin romper en llanto).



Las lágrimas hacen un surco en mis mejillas y ni siquiera fumar es lo mismo sin su presencia. Extraño su calor en mis pies, la temperatura de su cuerpo en mi cama y su dulzura de lucky charm.



Extraño escuchar a Au Revoir Simone a altas horas de la noche, mientras yo fumaba, leía y él sólo me miraba con esa expresión flemática que lograba convertir mis lágrimas en diamantes.



Movía las orejas con la música que le gustaba, lloraba si escuchaba música demasiado pesada -y no sólo lloraba, sino que me pedía a gritos que quitara la música que no era de su agrado- su armonía traía paz a mi alma.



Los últimos días fueron difíciles. Su agonía es una de esas experiencias que la mente va borrando poco a poco, como una fotografía vieja. Me atravesaba con su luz azul, con sus pupilas gigantescas y me pedía un beso en la frente, como los que le daba cada noche antes de dormir.



Fue mi confidente por siete años, me conocía mejor que nadie y sabía exactamente en qué día del mes debía acurrucarse en mi vientre. Me curaba sin pedir nada a cambio. Fue mi hijo, mi hermano, mi mejor amigo.



Todos somos polvo.



Lo tendré a mi lado hasta el día en que deje de respirar.



Las palabras quedan cortas, mejor guardar silencio.

martes, 1 de junio de 2010

El desengaño de la muerte


La muerte no besa tu mano todos los días: sólo lo hace cuando te sientes extremadamente sola.


Enfrenté a la muerte, le vi fijamente y me llamó para decirme un secreto que me dejó pasmada.


Besó mi mano, me dio secretos gratuitos y de pronto me sentí en una película francesa con tonos amarillentos y rojos. La muerte susurró en mis oídos por tres días seguidos y yo me perdí en la fantasía de encontrar al amor de mi vida detrás de una máscara, encontrar la otra mitad de mi alma en una estatua viviente y hallar la mano que tomaría entre las mías por el resto de mi vida debajo de un guante de huesos.



Pero los cuentos de hadas no existen, y el amor de mi vida no era una estatua viviente. Eso de estarse haciendo historias en la cabeza puede resultar nocivo.



Me quedé sentada bajo un árbol, contemplando a la muerte y lanzándole miradas furtivas, para así conseguir vida eterna; sólo tentándola, esperando una señal. Esperé hasta que el teatro se cayó sobre mi cabeza, hasta que el cielo brilló, causando molestia en mis ojos tornasoles. Esperé, y no encontré a Nino, ni a Esteban, ni a Florentino, ni Oliveira... sino que encontré un simple mortal.



Cabello largo, ropa sesentera, lentes sesenteros, complexión robusta y un rostro inexistente. La muerte volvió a la vida, muerta de calor, y yo volví a morir después de tomarme tres litros de desengaño.



Mort, mort, mort.



Un simple mortal, sin rostro ni aura, junto a un jesucristo urbano que brinda sonrisas a la Magdala.



Mortal ¿cómo te atreviste a hacerme sonreír?


La ausencia me mata, y Houston es un lugar común para romperme el alma en dos.


Lugares comunes, gente común. Ni su aura ni su muerte lograron sacármelo de la

cabeza.



Quise ver su rostro, pero no lo encontré. Me resigné y me fui por la calle.



...Horas después lo encontré.



Mortal, mortal, MORTAL. Me invitó una cerveza, quiso hablar conmigo, pero su rostro no tenía brillo, sus dientes estaban demasiado amarillos y parecía tener días sin bañar.




Mortal: No lograrás ganar mi corazón con una cerveza. No beses mi mano, ni me

inspires con versos de otras personas, no quiero tu imagen barata.



Seguiré tejiendo mi mortaja, como Penélope esperando a Ulises.



Y seguiré envenenándome con arsénico adicionado con desengaño.