
Llego en una nube, con un papel con ideogramas que representan un compromiso y una sonrisa bien dibujada, pero no es suficiente.
Debo sentarme por tres meses a llorar por un hombre débil, el "príncipe", el falso. No debo tener novio, no debo salir con hombres, no puedo estar sola, no puedo dejar mi hábito de cambiar de pareja como de calzones. Sigo siendo "una de esas mujeres", sigo siendo golpeada por el látigo de la desaprobación, por las miradas desconsoladas.
Nada duele más que un corte hecho por tu propia sangre, nada hiere más que el aliento caliente y las palabras de navaja. Soy una de esas mujeres, soy una mujerzuela, soy un corazón de condominio.
Lamento que mi felicidad te traiga malestar, pido disculpas por ser así, pido perdón por considerar al amor como un aspecto importante en mi vida. Perdón por no ser de las mujeres que sólo buscan un millonario, modelo y extranjero, sin importarles ninguna clase de sentimiento.
Y sí, como dijiste: "tal vez te estoy condenando a estar sola"; me condenas, me hieres, me haces un nudo en el estómago.
Lloro de rabia, de vergüenza, de dolor. Lloro, pero estaré acompañada hasta que yo decida, porque ya no tengo diez años. Soy un choque automóvilístico, destrozo la imagen de un paisaje perfecto, las llantas siguen atropellando los conceptos de "correcto e incorrecto".
Gracias por tirar la primera piedra a la Magdala.

