
-¿Jugamos un juego?
-Se llama "el juego de las almas", y consiste, básicamente en unir tu alma con el alma de la persona que amas, para después ir a casa para estar dando vueltas en la cama por su ausencia.
-¿Y por qué tendría que divertirme tal cosa?
-No preguntes, sólo besa.
...Maldito cupido, hiciste de las tuyas. Uní mi alma, la perdí, la empeñé y ahora quiero dormir, pero esta soledad no me deja tranquila.
El juego de las almas es simple, pero peligroso y puede dejarte medio muerta, tirada en medio de tu cama, la cual es demasiado grande para un ente que acaba de dejar su alma en quién sabe donde, probablemente unida a la de otra persona. Las almas se unen en un ir y venir constante, se encuentran, se besan, se miran y se unen de repente. Se van, regresan, pelean y vuelven a amarse: así de simple.
Pero cuando un alma abandona el cuerpo original y se une con otra, ocupando el doble de espacio en un cuerpo de tamaño normal comienzan los problemas, ya que la persona que se siente sola añora su alma y el alma del otro, mientras que la persona que ahora tiene dos almas, quisiera ver a la desalmada para devolverle su alma y regresar todo a su sitio.
ORDEN. Orden. orden.
Todo el orden regresa cuando los dos cuerpos se abrazan por cinco minutos y se miran fijamente a los ojos. Suena simple, pero no lo es.
Y luego vienen los besos. Y besas a la tierra, besas al mundo entero, pero en realidad sólo importa la unión entre almas.
...Y las almas no quieren separarse, se agarran de las manos y deciden ponerse unas esposas que resisten cualquier cosa.
Pero la desalmada se queda sentada en su cama, con la mirada perdida y la mente junto con el alma que acaba de perder.
...Por eso dicen que el amor es un juego en el cual siempre sales perdiendo.
Pierdes tu alma, tu razón, tu voz, tus pies y tu esencia, pero no la pierdes nada más porque sí, sino que la pierdes porque quieres. El alma no le hace caso a la cabeza, simplemente se va con quien le dé la gana.
Después de reflexionar un rato, tomas un sorbo de té, te resignas, aspiras una bocanada de humo, cierras los ojos y deseas que el gato se convierta en príncipe azul.
Bienvenida al juego de las almas, Magdalena.


