miércoles, 24 de marzo de 2010

¿Qué se sentirá?


De pronto me entró un amor incontrolable y me dieron ganas de casarme. No sé con quién, ni cuándo, pero me dieron ganas de enamorarme. Quiero vivir con alguien algún día, y compartir mis dramas, mis arrebatos, mis besos, mi cama, mis sueños y todo con él.


...Y esto es demasiado extraño. La Magdalena no debe enamorarse nunca, para evitar dolores innecesarios. Se debe evitar el dolor a toda costa: El dolor del amor, el dolor de la pérdida, el dolor del parto, el dolor del dolor del dolor...


Aunque duele más tener un alma de metal y un corazón bien escondido.


Me inspiró esa mujer, la mujer de otro país que grita a todo pulmón lo mucho que ama a su familia, y me pregunto si será cierto lo que dice, me pregunto qué se sentirá. Y mi corazón da vueltas, y me pongo toda loca, porque no sé lo que se siente, pero me gustaría saberlo algún día.


Sin embargo, mi parte racional sigue atormentándome: El amor no existe, y si existe, no es para siempre, porque nada puede durar una eternidad y los seres humanos somos entes efímeros, cambiantes y demasiado primitivos como para mantener un estado de ánimo por más de tres minutos.


Quiero confiar en la gente que me rodea, enamorarme, ser libre y quitarme la armadura.


Debe ser bello saber que alguien te ama sin condiciones, sin importarle la celulitis, las estrías, los cambios de humor, los dientes chuecos, el mal genio ni nada de eso. Ha de ser bello confiar plenamente en la otra persona y andar medio desnudo, sin un vestido de metal. Debe ser bello crear vida por medio del amor, sentir que se tiene un alma en el vientre, ver crecer un ser humano y amarlo incondicionalmente.


O tal vez no.


Tal vez es un dolor de cabeza criar un hijo, o vivir con alguien: soportar las costumbres del otro, el azúcar regada sobre la mesa, la puerta del baño abierta, el calor de una cama matrimonial, la enfermedad, los disgustos, la espera para entrar a bañarse, las noches de insomnio, los ronquidos, los libros tirados en el piso, su olor al despertar, los cigarros interminables, el desorden, el estrés. El amor.


Y todo se resume en una palabra que me gusta usar sólo cuando escribo: Amor.


El amor rompe la burbuja personal, el espacio vital, el metro necesario para-no-perder-la-cabeza-porque-detesto-tu-aliento-caliente-en-mi-cara. El enamoramiento rompe cerebros, destroza esquemas y nos deja medio tontos, sacando corazones por la boca.


El enamoramiento dura sólo seis meses, afortunada o desafortunadamente. Para las almas libres como yo, es casi una maldición que el enamoramiento dure unos cuantos meses, ya que después de ese tiempo comenzamos a aburrirnos y terminamos por volar hacia otro lado.


Ya no quiero tener un alma tan volátil.

Quiero sentir que el mundo se para cuando lo veo, cuando pienso en él, cuando recuerdo el sonido de su voz.


...Y creo que estoy enamorándome por enésima vez. Aunque sigo con la muralla china bien plantada en la cabeza. Ninguna invasión mongola hará que me rompa en mil pedacitos.


¿Qué se sentirá tener una familia y amar con toda el alma a alguien?


Temo que nunca lo sabré.

martes, 23 de marzo de 2010

La crisis del 23 de Marzo


El mundo acaba de entrar en crisis. El msn no funciona.
Me imagino la cantidad de gente que ha de estar dándose de topes por no poderse comunicar con todos sus seres queridos.


Los amantes no pueden hablar de manera discreta, los novios de secundaria no pueden dedicarse palabras cursis en su nick, las amigas no pueden compartir chismes y los que no soportan estar solos tienen que enfrentarse a una noche sin compañía virtual.


...Hay tanto silencio visual. Silencio sin conversaciones que parpadean, sin sonidos que indiquen que alguien nos recuerda, sin palabras.


Hay tanto silencio...


Y una Magdalena que escribe cosas sin sentido, mientras se imagina alejada del monitor, acostada en el piso, pensando en cosas insignificantes, mientras disfruta el caos generado por un error en el sistema. Todos se dieron cuenta y tratan de comunicarse por facebook, por e-buddy, por celular...


¿Qué pasaría si todo colapsara un día? ¿Que desapareciera facebook, msn, yahoo y todo aquello?


...Bienvenido al pasado: manda una carta de amor, ten un amigo por correspondencia, habla con alguien mientras ves sus ojos, siente, respira, salte de tu monitor.


Encuéntrate.
Hay tanto silencio afuera, que el ruido de mi cabeza no me deja descansar.

viernes, 12 de marzo de 2010

Muerte



"But the imprint is always there. Nothing is ever really forgotten."

-Evanescence (understanding)


Lo único cierto en la existencia del ser humano es que morirá. Nacemos, vivimos y morimos: es el ciclo de la vida.


Cada día es un nacimiento y una muerte, cada vez que exhalamos matamos una parte de nosotros mismos, desgastando la materia, siguiendo un equilibrio natural. Algunos creen que al morir, vamos al cielo, infierno o purgatorio; otro pensamos que todo es energía.


Pienso que todos somos inmortales. La energía sufre una transformación, el cuerpo se desgasta, los huesos vuelven a la tierra y las ideas quedan plasmadas en todo lo que hacemos. Los seres humanos sobrevivimos a la muerte por medio de la huella que dejamos en otros, ya sea por medio del arte, por medio de nuestras actitudes y hasta nuestro silencio.

No morimos en realidad. Muere el cuerpo, pero no las ideas.

El cuerpo es sólo un recipiente, un capullo, pero la esencia del ser humano está en su mente y alma. Nadie muere, nadie desaparece. No importa si murió solo (finalmente todos llegamos solos a este mundo), no importa si no dejó descendencia y tuvo una vida desgraciada: siempre se dejará un recuerdo.

Todos dejamos una marca en alguien. Desde el vagabundo durmiendo en la calle hasta el hombre rico. Los tontos dejan huella en las personas más sensibles, mientras que las mentes brillantes la dejan en los que tienen un deseo inconsciente de ser como ellos. La mujer estúpida, la mujer inteligente, la mujer gris, la mujer sonriente, la amarga... todas marcan a alguien.

Todos dejamos una marca, por ende, no morimos nunca.



...Y todo pierde el sentido de pronto.

Se va, junto con el último suspiro.

Sólo deja aroma a flores.

Deja viento, deja luz.

Y vuelve a formar parte del universo.

jueves, 11 de marzo de 2010

Corazón de condominio


Favor de imaginar una mujer.

Pero no cualquier mujer...

Sino una mujer con corazón de condominio.


Una de esas que son juzgadas, que no presentarías a tu madre. Una mujer a la que no le confiarías nada (ni siquiera tu gato en vacaciones).

Había una vez una mujer con corazón de condominio. Vivía en un país muy muy lejano, en un pueblo mugroso donde todos se conocían y contar chismes era deporte regional.

Era una mujer bella, pero extraña: Casi no hablaba y siempre traía cara de pasmo. Flaca, escurrida, sin mucho chiste. Con ojos como platos y labios demasiado pequeños para ser verdad. Digamos que se llamaba Elvira.

Las mujeres le tenían miedo, pero más que miedo era envidia, ya que conquistaba cuanto hombre pasara ante sus ojos y lo hacía de manera sutil, casi mustia. Era considerada una prostituta "chinga quedito".

Elvira era tema de conversación en cualquier grupo del pueblo: Las señoras de la vela perpetua y la mantilla negra dedicaban sus oraciones a ella, las mujeres jóvenes vociferaban como arpías, los hombres hablaban acerca de su sensualidad bizarra y los viejos recordaban historias secretas.

Un mal día, Elvira se enamoró. Cambió la cara de pasmo por una sonrisa boba y la gente del pueblo dejó de entretenerse destrozando su reputación. Nadie sabía quién había cometido semejante infamia -porque quitarle la diversión a un pueblo aburrido es casi un pecado- y se quebraron la cabeza adivinando nombres, sin llegar a ningún dato útil.

Elvira seguía con su actitud mustia, sin decir nada, sin dar señales, sin confesar.


Sus amantes quedaron abandonados, encerrados en el edificio ubicado dentro del corazón de la mujer de los labios de fresa. Como náufragos, como huérfanos de caricias, como capullo vacío. Se perdieron en el desierto y quedaron secos, como ausentes... muertos. Elvira era su redentora, la de los ojos tristes, la de los muslos de azúcar, la famélica, la santa, la puta, la de los besos de salvación, y ahora estaban solos. Más solos que una viuda reciente.

Ella era la heroína del pueblo, pero nadie lo sabía. Tenía un corazón de motel zaparrastroso, de velas rotas y dulces rancios, pero así la querían.

Y la quisieron.

Hasta que se fue.

Se perdió, nadie supo más.

Huyó, escapó, renunció y sólo dejó caos.
Dejó la estela de su perfume, sus recuerdos, su silencio.


...Y el pueblo quedó muerto, vacío, sin luz.