jueves, 11 de marzo de 2010

Corazón de condominio


Favor de imaginar una mujer.

Pero no cualquier mujer...

Sino una mujer con corazón de condominio.


Una de esas que son juzgadas, que no presentarías a tu madre. Una mujer a la que no le confiarías nada (ni siquiera tu gato en vacaciones).

Había una vez una mujer con corazón de condominio. Vivía en un país muy muy lejano, en un pueblo mugroso donde todos se conocían y contar chismes era deporte regional.

Era una mujer bella, pero extraña: Casi no hablaba y siempre traía cara de pasmo. Flaca, escurrida, sin mucho chiste. Con ojos como platos y labios demasiado pequeños para ser verdad. Digamos que se llamaba Elvira.

Las mujeres le tenían miedo, pero más que miedo era envidia, ya que conquistaba cuanto hombre pasara ante sus ojos y lo hacía de manera sutil, casi mustia. Era considerada una prostituta "chinga quedito".

Elvira era tema de conversación en cualquier grupo del pueblo: Las señoras de la vela perpetua y la mantilla negra dedicaban sus oraciones a ella, las mujeres jóvenes vociferaban como arpías, los hombres hablaban acerca de su sensualidad bizarra y los viejos recordaban historias secretas.

Un mal día, Elvira se enamoró. Cambió la cara de pasmo por una sonrisa boba y la gente del pueblo dejó de entretenerse destrozando su reputación. Nadie sabía quién había cometido semejante infamia -porque quitarle la diversión a un pueblo aburrido es casi un pecado- y se quebraron la cabeza adivinando nombres, sin llegar a ningún dato útil.

Elvira seguía con su actitud mustia, sin decir nada, sin dar señales, sin confesar.


Sus amantes quedaron abandonados, encerrados en el edificio ubicado dentro del corazón de la mujer de los labios de fresa. Como náufragos, como huérfanos de caricias, como capullo vacío. Se perdieron en el desierto y quedaron secos, como ausentes... muertos. Elvira era su redentora, la de los ojos tristes, la de los muslos de azúcar, la famélica, la santa, la puta, la de los besos de salvación, y ahora estaban solos. Más solos que una viuda reciente.

Ella era la heroína del pueblo, pero nadie lo sabía. Tenía un corazón de motel zaparrastroso, de velas rotas y dulces rancios, pero así la querían.

Y la quisieron.

Hasta que se fue.

Se perdió, nadie supo más.

Huyó, escapó, renunció y sólo dejó caos.
Dejó la estela de su perfume, sus recuerdos, su silencio.


...Y el pueblo quedó muerto, vacío, sin luz.

4 comentarios:

  1. Esa historia me recuerda mucho a una película que vi hace poco, también se desarrolla en un pueblo mugroso con el chisme como sagrado sacramento (pongamos que hablo de Madrid), la misma mujer con corazón de condominio, la misma etapa de enamorarse, el mismo corazón roto, la misma huida... Si gustas luego te la presto se llama "Diario de una Ninfomana" aunque el título no me pareció el más adecuado, se apega mucho a tu historia =). Si gustas después te la presto =)

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  2. Ah, cómo detesto que las ideas sólo vuelen por el mundo y caigan en cabezas diferentes. Quiero ver esa película.

    Qué bueno que te gustó, Elale (:

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  3. Si no mal recuerdo, los poetas de estos y otros tiempos siempre han coincidido en defender la pureza de las putas, porque a pesar de ser mujeres que tienen sexo sin el menor empacho, también es cierto que no se enamoran tan fácilmente recuerda la canción que Sabina le compuso a tu tocaya "con ese corazón tan 5 estrellas, que hasta el hijo de un dios una vez que la vio se fue con ella...y nunca le cobró"

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