jueves, 25 de febrero de 2010

A través del espejo, adentro de la alcantarilla


Nunca le pedí que me quisiera. Nunca le pregunté si lo hacía. Sus labios se fundían con los míos, sin mucho sentido y me sentía bien en ese amorío desfachatado. Sin títulos, sin fechas, sin todo, sin tú y yo, sin pasión, sin noches de desvelo... sólo "la era", y perdí la razón, me hundí en la tierra, me atraganté con parafina, me atasqué de píldoras... nada.

Silencio.

Shhh.

Un día desperté y me dí cuenta de que estaba sola. Sola en un cuarto demasiado amplio, en una cama demasiado estrecha, enfrente de un espejo de cuerpo completo.

Y me perdí.

Me fui, me fui, me fui. Desaparecí, caí en el hoyo del conejo, encontré mi alter ego y lo besé. El viento es demasiado frío y las noches demasiado oscuras, él era sólo un recuerdo vago de unas cuantas semanas de otoño. Ah, pero qué otoño aquél.

En mi viaje a través del espejo recorrí mundos demasiado grotescos, llegué a la alcantarilla, me perdí en un laberinto hediondo y dormí en el agua turbia de los desechos del alma.

Sólo son tus musas, querido. Las musas alimentan el ego, las musas son fatales, son crueles, despiadadas y pueden llevarte a la perdición, he dicho.

Ni el sombrero de copa, ni la capa de terciopelo ni la salvación divina son capaces de rescatar a un hombre del canto de una sirena.

Átame, que quiero escucharlas.

Átame, átame, átame.

...Y de pronto un sonido seco, un golpe. El sueño terminó, mon amour.



martes, 23 de febrero de 2010

Objetos/ Personas/ Desgarres


¿Por qué se cosifica a la gente?

A veces me hago esa pregunta y da vueltas como una palomilla alrededor de un foco medio sucio-que es mi cerebro- revoloteando, atravesando mi cabeza, saliendo por mis orejas y regresando por la boca.

Generalmente llego a la conclusión de que soy un ente aparte, que a pesar de los hoyos en su alma aún cree en el amor, aunque tal esperanza esté un poco pisoteada por kilos y kilos de chocolate, así como litros de lágrimas. No me gusta cosificar a las personas, reducirlas a trofeos en un aparador o mariposas dentro de un cuadro colgado en la pared.

No puedo, pero a veces creo que debería hacerlo. Se evitan problemas, conflictos innecesarios. Si no se ama a la otra persona, no se sufre, no se extraña, no se necesita. El aliento de la otra persona es sólo aire caliente, nada más, y los dos pueden volver a sus labores cotidianas sin mayores complicaciones. Y se vuelve al trabajo, a la escuela, a la casa. Se vuelve con una sonrisa de satisfacción y la gente se ve más bella, se ve radiante, con la piel perfecta.

Los ojos se ven especialmente brillantes. Se les ve una luz alrededor. No hay complicaciones, sólo amantes esporádicos.

Pero no. Magdalenita no puede ser así. A la Magdalena le gusta lo complejo, los cuadros decimonónicos, los caballeros medievales, las tragedias griegas.

Ah, qué complicado. A veces me gustaría no sentir nada, y leer o escuchar las aventuras de un hombre que amo sin montar en cólera y convertir mujeres en sal. Me cansé de hacer estatuas de sal, son frágiles, son asquerosas y tienen un rostro burlón, sumamente cínico que hace que pierda la cordura.

Pierdo la razón, toco el fondo del mar y regreso. Todo es un ir y venir, pero estoy cansada de tanto movimiento.

...Y de pronto quiero mandarlo al demonio, con todo y sus "putas tristes", con todo su tabaco, con toda su pasión, con todo su cinismo. Pero no lo hago, porque mi parte optimista me hace creer que no miente cuando dice que me aprecia, que me quiere. Aparece la parte optimista y de pronto Mrs. Hyde se apodera de mí, desgarrándome mientras ríe, así como él rió desgarrando a quien se atravesara.

Las desgarró, las abrió en canal y luego se fue. Lo peor de todo es que a nadie le importó: Sólo a mí.


El amor no existe.

El amor sí existe.
El amor me da náuseas.

El amor me enferma. Tú me enfermas, Magdalena.

Quiero irme al mar, sólo por un rato, para ahogarme, tocar el fondo y salir medio morada.

Quiero vomitar el amor que se pudrió en mi interior. Ha de ser color negro y seguro huele a sangre.

domingo, 21 de febrero de 2010

Yo pecadora



He pecado, de palabra, acto y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
...por eso ruego... ruego a santa María, siempre virgen, a los ángeles y a los santos.
...por eso sangro, oh, creador.
...por eso lloro sin lágrimas.
...por mi culpa, por mi culpa.

Últimamente he estado muy teológica y he llegado a la conclusión de que soy una pecadora. Soy lo contrario a una dama, soy una mujer Que disfruta plenamente al menos 5 de los 7 pecados capitales y se ha arrepentido de pecar en contadas ocasiones.

Recuerdo mi primera visita al confesionario. Recuerdo la cara del cura, ahora arzobispo del estado. Recuerdo la vergüenza, la sangre subiendo a mi rostro, mis ganas de llorar. Recuerdo mi ansiedad por ser una "persona de bien" y mi abrazo a Dios.

Y también recuerdo perfectamente ese día trágico en el cual mi idea cambió. No podía seguir en ese martirio, en querer ser una santa. Pensé en estudiar teología para así poder comprender todos los rincones de la fe, estudiar acerca de demonios, del mal, del pecado, de la oscuridad absoluta y comprender, sólo comprender.

Eché mis ideas al aire, las dejé libres, tiré mis sandalias angelicales y las cambié por unas botas negras. No me fui al lado de la oscuridad, no me fui al lado de la luz. Me quedé en medio, en el purgatorio y mientras escuchaba los lamentos de las almas perdidas caí en cuenta de que había muerto.

Morí, pequé y volé.

Perdí la inocencia con el primer beso, con mi primer cigarro, con mi primer vodka, con el huso de una rueca y caí de espaldas sobre una cama demasiado grande para mí. Lilith se apoderó de mí, la miré fijamente y le sonreí, mostrando mi aceptación.

Lilith nació en mí, nació la pecadora, nació la Magdalena. Y me tiraron piedras, me aventaron al fuego, pero logré salir.

-Ave María purísima.
-Sin pecado concebida.
-Dime tus pecados.
-He vivido. He besado sin amar, he mentido. He abrazado, entrelazando mi alma con otra. He comido hasta vomitar, he bebido hasta no poder más. Me he resistido a caer en los brazos de muchos amantes, pero sigo hablándoles, sigo tentándoles... Si usted supiera todos mis pecados me mandaría al mismísimo infierno en este preciso instante, por lo tanto, absuélvame, perdone mis pecados y déjeme ir en paz.
-Tu penitencia es rezar 5 aves marías, 3 padres nuestros, el credo y bueno, hacer una obra de caridad. Ahora puedes ir en paz, hija mía.

Salí limpia. Libre de pecado. Salí con una lágrima en la mejilla, una pizca de cinismo en el alma y una duda enorme.

¿Qué pasa con los pecadores arrepentidos? Y peor aún: ¿Qué pasa si no se arrepienten del todo?

Como dijo Marx: "La religión es el opio del pueblo."

Dios ha muerto.

Mea culpa.

domingo, 14 de febrero de 2010

Magdalenita amargada




La Magdalenita hace berrinche.

"Sus hormonas me marean."

Sin embargo, Magdalena (moi) no se da cuenta de lo absurdo de sus palabras.

Las palabras salieron sobrando y una imagen dijo más que mil palabras, un beso pudo sacudirme más que un terremoto, una mirada fija transmitió lo que mis cuerdas vocales no pudieron y una caricia hizo que mi silencio llenara el cuarto, el automóvil, el escenario... cualquier lugar en el cual coloqué mis pequeños pies.

Y pensé en esa palabra absurda: amor. Love, amour, amor... all you need is love, crazy little thing called love. Recordé la frase choteada: "El amor hace que el mundo siga girando" y sonreí por un momento, aunque mi amargo corazón dio un giro de 180° al ver pasar esos globeros benditos y malditos.

Mi corazón dio la vuelta y me dio un patatús demasiado extraño, mi boca se quedó bien cerrada y los ojos sacaron rayos láser, quemando los condenados globos. Estoy sola... sola, sola, SOLA. El primer día de la melcoha sola. Y bueno, ¿qué le voy a hacer yo? No tengo tiempo para novios, no tengo tiempo para salir, no tengo tiempo para pensar, no tengo tiempo para nada.

El amor no es exclusivo de las parejas. El amor existe siempre, y no me refiero al amor mal interpretado de este día de consumo excesivo, obsceno, brutal, salvaje y bien pensado; sino al amor que siempre estuvo parado en la esquina, amarrándose las agujetas, bebiendo whiskey, dando vueltas, riéndose de todos nosotros. El amor existe desde antes del momento de nuestra creación, desde el inconsciente de nuestras madres, el deseo de nuestros padres (sí, porque todos tenemos padres, queramos o no aceptarlo), desde el momento en el cual nuestros padres nacieron, el momento en el cual todo comenzó a moverse.

Y no, esto no es un texto tipo Bolita Ayala, ni tipo Yuri. No.

Nada existe, todo existe, y al decir que existe, es porque lo hemos vivido. Por ende, hoy llego a la conclusión de que el amor existe, cambia vidas y puede dejarte con rasgos paranoide - esquizoide -androide.

El amor existe entre las personas aunque vivan lejos, en continentes distintos, con horarios separados y noches - mañanas mágicas. He amado, ese es el pecado, la falta más grave que he cometido. Me acuso de ser decimonónica, romántica, apasionada. He pecado, oh, padre, y no espero penitencia, espero experiencia después de mis tropiezos de mujer joven e ingenua.

He confundido el amor con la lujuria, creyendo que me aman cuando en realidad sólo quieren perderse en mi piel, sin embargo, después de haberme dado cuenta de que no todo es lo que parece, he construido mi muralla.

He pecado, construí una muralla que no me permite enamorarme. Esa es la causa de mis penas, la maldita muralla china, la enredadera con espinas, los guardias en la entrada de la alcoba de mi alma y mis ojos freudianos. He pecado y estoy en penitencia: No como ni duermo, fumo, me pierdo entre las notas de una partitura, suelo ser efímera, me voy, llego, huyo, me pierdo, lloro, sonrío.

No disfruto los días de San Valentín porque me he declarado inútil en el juego del amor. He perdido la fe y a ratos pienso que pasaré el resto de mis días sentada en una mecedora, acariciando un gato. Soltera, solterona, quedada...

Pero de pronto aparece la luz, prendo un cigarro, inhalo, exhalo y sigo viviendo.

lunes, 8 de febrero de 2010







"I've found a world where love and dreams darkness all collide. Maybe this time we can leave our broken world behind." -Evanescence (Together again)

De pronto pareciera que el mundo se frena sólo para mostrarnos lo insignificantes que somos, lo frágil y pequeño de nuestra existencia.

Mucha gente ni siquiera se detiene a pensarlo. Muchos de nosotros nos dejamos llevar por los medios, por las mentiras, por el "no nos pasó a nosotros", y seguimos viviendo de manera superficial, preocupándonos por la gente en las revistas de sociedad, las farsas de los talk shows y los amores de plástico.

¿Cuántas veces hemos negado la ayuda a alguien que pide una moneda en la calle? ¿Cuántas veces hemos escuchado bromas racistas? Las cosas deben cambiar, debemos darnos cuenta de que no somos los únicos que importan, y que a pesar de creernos invencibles algún día moriremos.

Morirá el pobre, morirá el rico, el enfermo, el sano, el joven, el viejo...
A la muerte no le interesa el coche último modelo, ni la raza, ni las creencias.
Todos venimos destinados a morir, estamos aquí de paso y nada que hagamos puede detenerlo. Día a día vivimos un terremoto, y no hablo de movimientos naturales en la tierra, sino terremotos de palabras, de agresiones y mentiras. Todos mentimos en algún momento, todos hemos hecho daño y eso destruye más que la "furia de la naturaleza", como muchos dirían.

No existe la furia de la naturaleza, existe el miedo del hombre hacia ésta, que es distinto. Desde el principio de todo, la raza humana ha intentado explicar los fenómenos, atribuyéndolos a entes superiores, a maldiciones o cualquier cosa, sin embargo, en la actualidad se da una explicación tan científica que se olvida la parte humana de todo. Se olvida el dolor y se convierte en objeto, se cosifica, se desgarra y se vende en piezas alrededor del mundo.

De pronto, todos los ojos se voltean hacia el lugar donde ocurrió la desgracia y esa indiferencia que antes se tenía hacia la gente que vive en pobreza se convierte en preocupación extrema, en amor desmesurado. Y van los famosos, y vamos todos a ayudar, dejándonos llevar por los que tienen el poder.

No sólo se debería ayudar cuando ocurre una tragedia, no sólo se deberían dar rosas en san Valentín.
Todos los días se debería tratar de mejorar el lugar donde vivimos, considerar a cada persona como alguien importante por el simple hecho de existir.

Suena simple, suena rosa, pero si todos nos esforzáramos un poco cada día, sería otra historia.