martes, 23 de febrero de 2010

Objetos/ Personas/ Desgarres


¿Por qué se cosifica a la gente?

A veces me hago esa pregunta y da vueltas como una palomilla alrededor de un foco medio sucio-que es mi cerebro- revoloteando, atravesando mi cabeza, saliendo por mis orejas y regresando por la boca.

Generalmente llego a la conclusión de que soy un ente aparte, que a pesar de los hoyos en su alma aún cree en el amor, aunque tal esperanza esté un poco pisoteada por kilos y kilos de chocolate, así como litros de lágrimas. No me gusta cosificar a las personas, reducirlas a trofeos en un aparador o mariposas dentro de un cuadro colgado en la pared.

No puedo, pero a veces creo que debería hacerlo. Se evitan problemas, conflictos innecesarios. Si no se ama a la otra persona, no se sufre, no se extraña, no se necesita. El aliento de la otra persona es sólo aire caliente, nada más, y los dos pueden volver a sus labores cotidianas sin mayores complicaciones. Y se vuelve al trabajo, a la escuela, a la casa. Se vuelve con una sonrisa de satisfacción y la gente se ve más bella, se ve radiante, con la piel perfecta.

Los ojos se ven especialmente brillantes. Se les ve una luz alrededor. No hay complicaciones, sólo amantes esporádicos.

Pero no. Magdalenita no puede ser así. A la Magdalena le gusta lo complejo, los cuadros decimonónicos, los caballeros medievales, las tragedias griegas.

Ah, qué complicado. A veces me gustaría no sentir nada, y leer o escuchar las aventuras de un hombre que amo sin montar en cólera y convertir mujeres en sal. Me cansé de hacer estatuas de sal, son frágiles, son asquerosas y tienen un rostro burlón, sumamente cínico que hace que pierda la cordura.

Pierdo la razón, toco el fondo del mar y regreso. Todo es un ir y venir, pero estoy cansada de tanto movimiento.

...Y de pronto quiero mandarlo al demonio, con todo y sus "putas tristes", con todo su tabaco, con toda su pasión, con todo su cinismo. Pero no lo hago, porque mi parte optimista me hace creer que no miente cuando dice que me aprecia, que me quiere. Aparece la parte optimista y de pronto Mrs. Hyde se apodera de mí, desgarrándome mientras ríe, así como él rió desgarrando a quien se atravesara.

Las desgarró, las abrió en canal y luego se fue. Lo peor de todo es que a nadie le importó: Sólo a mí.


El amor no existe.

El amor sí existe.
El amor me da náuseas.

El amor me enferma. Tú me enfermas, Magdalena.

Quiero irme al mar, sólo por un rato, para ahogarme, tocar el fondo y salir medio morada.

Quiero vomitar el amor que se pudrió en mi interior. Ha de ser color negro y seguro huele a sangre.

3 comentarios:

  1. la cosidad, lo explico magistralmente Cortázar es por que nos duele el mundo, y nos fregamos,los unos como vos tenés la suerte de ser decimonónicos, los otros como yo que tenemos un insaciable corazón barroco

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  2. mucha flema existencial por estas entradas interesante

    y que tal con los corazones de la belle epoque?

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  3. Me gustó el inicio y el final... el resto no sé.

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