
Portishead en la madrugada es bello.
Casi tan bello como la carta que estuve a punto de quemar hace unas horas pero que no quemé por temor a perder la memoria y no poder recordarlo en mis años de vejez (sí, claro). La verdad es que me entró la debilidad y decidí guardarla en el cajón de los recuerdos... ahí está bien.
Y ahora resulta que soy un misterio que no ha sido resuelto, una hoja de papel arrancada o un diente de ajo. Soy un misterio y eso es nuevo, porque ni yo misma conocía ese misterio, no soy una femme fatale ni nada por el estilo. Sólo soy yo.
Soy una mujer que a sus diecinueve años tiene una visión extraña del mundo. Me gusta sentir intensamente (nada de medias tintas), me gusta el viento, me gusta el frío, las noches con música y vodka, el cine con poca gente, las parejas de ancianos que aún se quieren y muchas cosas más.
Mis gustos son simples como yo.
Pero ahora soy un misterio. Y el misterio real es encontrar la razón por la cual me dijeron que lo soy. Mi mirada no encierra misterio. Mis gestos menos. Mi corazón es un laberinto, pero no tiene muchos secretos y bueno... el alma... eso es otra historia.
Magdalena está a punto de caer desmayada. Demasiado baile, demasiado ejercicio, pocas horas de sueño, stress absurdo, amores contrariados, demasiada nicotina, demasiadas sustancias, demasiados pensamientos...
...creo que estoy destinada a morir joven, pero si muero joven sabré que sentí las cosas bien, no a medias. Nada de eso. Nada de "estoy medio cansada", no. Ahora mismo siento que reviento, que mis vértebras no pueden aguantar más el peso de mi cabeza y yo sólo quiero flotar... encerrarme en mi mundo y olvidar todo por un rato para así morir y al volver a la vida arrancar con todo.
Sin embargo, no puedo hacerlo.
Morfeo es mi amante, es el amor de mi vida y ahora me llama. Debo ir con él y tragarme mi orgullo de buscar a las personas (y sobre todo a los "malditos hombres").
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