martes, 24 de noviembre de 2009

Femme fatale


Como lo leen, señoras y señores... "Femme fatale". No más Magdalenita berrinches, no más hombres que traten de derribar la muralla china.

Ahora seré de esas mujeres que quitan el aliento y tienen ese "no se qué que qué sé yo" que hace que al mundo se le caigan los calzones con sólo pensar en ellas.

Y paf! Rompen el silencio con los tacones, con su gracia de gato, con su sonrisa seductora y su perfume que se guarda en el alma. Perturban, rompen, rasgan la paz.

Ya fue suficiente de la niña de los ojitos de cielo. Ser una femme fatale tiene mucho encanto y poco dolor de por medio. Es tener mucho con poco esfuerzo, sólo usando encantos y poderes heredados de la mismísima LIlith. Es ser un espíritu libre, que seduce a diestra y siniestra sin ser usada jamás (bueno, tengo mis dudas al respecto, pero dejaré eso como está para no romper mi fantasía de ser una femme fatale).

La femme fatale tiene estilo, encanto, elegancia, belleza, inteligencia, fortaleza de carácter, fuerza de voluntad, personalidad y muchas otras cualidades. Es fría, malvada e irresistible.

Sí, lo decido esta madrugada: Seré una Femme Fatale. Y que Sophia Loren, Rita Hayworth y Lauren Bacall me tengan en su santa gloria.





Y si no me creen, pregúntenle a Humphrey Bogart.
...o mejor aún, pregúntenle a Mata Hari.

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