lunes, 28 de diciembre de 2009

We'll bury the castle

Ahora lo diré "bien clarito", con mi sonrisa cínica, mordiéndome los labios y levantando una ceja. El castillo de arena fue destruido, reconstruido, deshecho... volví a hacerlo con escombros, con cenizas y después, en un arrebato decimonónico, lo destrocé de una maldita vez.

Las ruinas siguen en mi cajón y pretendo enterrarlas algún día, cuando me sienta segura. Te amé sin razón aparente pero en realidad lo que duele es el ego (¿o realmente te quise?), y anoche lo comprobé en una sola frase de una persona con demasiado alcohol en la sangre: "Wey, ese maldito no me hizo caso, pero tendré mi venganza."

Yo no quiero venganzas ni nada... no tengo tiempo.

Y ya no tengo neuronas para seguir escribiendo cosas sin sentido...

Bendigo los antidepresivos y una sesión de terapia.

martes, 22 de diciembre de 2009

Antidepresivos y otras cuestiones


Y estallé.
La Magdalena manchó la alfombra, manchó las paredes y manchó todo... todo, todo. ¡PAF! La pobre mujer estalló y lloró sin control.

Terminé con los ojos de sapo y las piernas destrozadas; y no sólo eso, terminé con el ego metido en la garganta, los pies cortados y los pulmones negros. Fui a la fuerza a buscar ayuda y comencé a tomar pastillas de la felicidad. ¡Ah! Aquellas benditas pastillas verdes que saben dulzón y hacen que me arqueé, deseando ser una mujer idiotamente feliz, felizmente estúpida y estúpidamente alegre.

Tristeza crónica, pastillas para adelgazar, noches de insomnio, lágrimas ocultas y demás.

Punto, fin, the end.

Así como estoy embriagando mis demonios estoy haciéndome la idea de que quiero estabilidad. Estabilidad, sí, esa palabreja compleja y absurda.

Me dejaste en el quicio de la puerta, con el corazón pisoteado y los labios quemados por el beso de la despedida, la canción pegada al alma, la pierna sangrando, el recuerdo con espinas y bueno, una soledad que terminó consumiéndome. Pero por alguna extraña razón eres sólo un recuerdo ya. Te lloré.

Y les lloré... Le lloré a mis hombres, a los hombres de la Magdalena, a la vida de estos últimos meses. Ah, Dios santo, cuánto pasa en seis meses: Los amantes comienzan a ignorarse, Rocamadour y la Maga se anulan, Fermina y Florentino se evitan... Y yo, no sé, pero creo que muero en seis meses. Morí, me suicidé en seis meses de desmadres, de huelgas, de pasiones, de tormentas y frentes fríos.

Y... y... y...

Pero... ¿no regresarás?

No, esa noche fue la despedida, no el regreso a la normalidad.

Pero... pero... pero... me estoy muriendo sin tu amor.

¿Cuál amor, mina? No existió.

Y bueno, tomé conciencia. No vale la pena andarse lamentando por un amor que nunca estuvo.

Llovió en mi mundo, quise dejar la vida, quise prender velas, escuchar Liebestraum y darme una muerte decimonónica. Quise beber cera, quise ahogarme con mis lágrimas y quise prenderme con gasolina. Pero un amor contrariado -o al menos ese- no valía la pena.

Y llegaron los cambios de humor. Ahora no soy bipolar, sino tetrapolar. Mi evolución fue algo así:

Unipolar ---> Bipolar ---> Tripolar ---> Tetrapolar.
(0-12 años) (12 - 15) (15 - 19) (19-?)

Y paso de la tristeza a la rabia (y lloro sin saber si es de rabia o dolor), de la rabia a la ansiedad y de la ansiedad a la paz. Hoy experimenté algo nuevo: Amor. Oh, l'amour.

Y Magdalena grita: No de nuevo.

No de nuevo... no, no, no. Estoy toda loca y es tarde. Sería mejor ir a dormir, por higiene mental.

lunes, 14 de diciembre de 2009

You should know i'm not that good

Me da miedo pervertirte, cambiarte, manipularte...

A veces dejo a la gente muy perturbada y recuerdan mi sonrisa de tabaco y mis ojos de humo por mucho tiempo. Mastican el recuerdo, reviven las llamas, se queman, desaparecen y aparecen convertidos en un ente distinto. Mis uñitas negras pueden rasguñar tu alma, romperla e incluso hacerla sangrar... pero no tengo ganas de hacer eso.

Uno de mis propósitos para este año 2010 es ser mejor persona, una Magdalena bella y dulce, en vez de una Lilith que a ratos pierde el control de sus acciones. No quiero desaparecerte, ni quemarte en uno de mis arrebatos decimonónicos, no quiero herirte ni quiero cortar tu alma con trozos de papel para después dejarte sangrando en el piso...

Pero existe la posibilidad.

El amor es un arma poderosa, es una navaja que brilla demasiado y ha dejado ciegos a varios. Una mujer con ese tipo de arma entre sus deditos de dama delicada es más peligrosa que Mata Hari. En fin... espero no matarte lentamente.

(Y esto suena muy raro).

La Magdalena se ausenta un rato.


La pequeña Magdalena ha llegado al borde del abismo y quiere dar un salto grande.


¡¡¡PAF!!! Qué sonido.


Y caí, con ese sonido insoportable. El aburrimiento me consumió, el tedium vitae llegó, se llevó mi alma y ahora estoy aquí por enésima vez.


El inframundo puede llegar a ser muy bello. Hace mucho frío, frío del alma, frío de la muerte, frío de la navaja cortando la piel con ese sonido tétrico de tejidos rompiéndose para después sacar un hermoso rubí. He decidido mandar el mundo a la merde por un rato. Me ausentaré y caminaré descalza sobre cristales de colores, sin rumbo fijo.


La imagen decadente de una Magdalena que se muere de hastío me hace llorar, pero el hecho de que yo sea la Magdalena me da ganas de dejarme caer.


Pierdo la razón, el dragón me atrapó y un estado patético me hace quedarme entre sus dientes gigantes.


...No negaré que fue el amor de mi vida, no negaré que odio mi muralla china.


No negaré que las invasiones mongolas me han dejado algo perturbada.


...desaparezco.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Oh, ocio.


Rumores, chismes, rumores, chismes, rumores...

Estoy cansada de esas cosas, estoy cansada de los hombres, estoy cansada de estar cansada. Y bueno... me siento con este artefacto del demonio en las piernas y empiezo a escribir.

El tiempo de calidad en familia se reduce a estar con mi madre dándome la espalda y poniendo atención a su facebook mientras yo me desparramo en el sofá y presto atención al mío. Nadie habla... sólo se escuchan teclados.

Me gusta estar a solas mientras estoy acompañada.

No me gusta el movimiento de mi mascota en pet society, me perturba, me da miedo... me recuerda a la mujer con alfileres en la cara en suspiria, a los domingos soleados y las casas con mala vibra.

Desvarío.

Estoy aburrida.

Estoy en shock.

Estoy deprimida.

Estoy feliz.

Estoy enamorada.

Odio al mundo.

Amo la vida.

Quiero morir.

Quiero seguir respirando.

Estoy cansada.

Nada tiene sentido...

...pero todo parece tan bello de pronto.

lunes, 7 de diciembre de 2009

"Tú agarras las visiones que te digo y las haces alguna frase poética, imagen y tema."




Sí... agarro las visiones que dices y me las trago, las mastico, las escupo, las observo y cosas por el estilo. Es bello leer visiones, leer risas, leer silencios.

Nuestras pláticas son como una partitura bañada con luz de un monitor frío. Sabes que amas nuestras conversaciones con muchas palabras, poco significado o viceversa. Sabes que te encanta leer mis debrayes inspirados en tus palabras hirientes (ja!).

Amas mis fotos, amas mis delirios de grandeza, amas mis vicios y bueno... amas hablar con una mujer maniática porque, porque, porque... yo qué sé, simplemente te gusta.


Y de pronto... ¡paf! me asalta el recuerdo de ese día de ensayo ("Tengo que besarlo?!"). Las relaciones humanas son complejas... pero bellas.

Maniática drogadicta



No, bueno... si de etiquetas se trata pueden ponerme muchas, pero ninguna terminará de gustarme. Decimonónica, histérica, maniática drogadicta, enferma, sádica, fumadora, bonita, fea, gorda, flaca, bitch, preciosa, pinche vieja, desesperante, destructiva...

Son demasiadas como para contarlas y sentirme cómoda como para llegar a un grupo y decir: "Hola, soy Marianette y soy [inserte etiqueta aquí]". Creo que ese término, ese maldito diálogo de Killerpollo me ha abierto los ojos a la realidad. Las etiquetas no funcionan, al menos no conmigo... pero bueno, ayudan a darnos cuenta de la percepción de los demás. En este caso yo soy maniática y bueno... tú... eres sólo tú.