martes, 22 de diciembre de 2009

Antidepresivos y otras cuestiones


Y estallé.
La Magdalena manchó la alfombra, manchó las paredes y manchó todo... todo, todo. ¡PAF! La pobre mujer estalló y lloró sin control.

Terminé con los ojos de sapo y las piernas destrozadas; y no sólo eso, terminé con el ego metido en la garganta, los pies cortados y los pulmones negros. Fui a la fuerza a buscar ayuda y comencé a tomar pastillas de la felicidad. ¡Ah! Aquellas benditas pastillas verdes que saben dulzón y hacen que me arqueé, deseando ser una mujer idiotamente feliz, felizmente estúpida y estúpidamente alegre.

Tristeza crónica, pastillas para adelgazar, noches de insomnio, lágrimas ocultas y demás.

Punto, fin, the end.

Así como estoy embriagando mis demonios estoy haciéndome la idea de que quiero estabilidad. Estabilidad, sí, esa palabreja compleja y absurda.

Me dejaste en el quicio de la puerta, con el corazón pisoteado y los labios quemados por el beso de la despedida, la canción pegada al alma, la pierna sangrando, el recuerdo con espinas y bueno, una soledad que terminó consumiéndome. Pero por alguna extraña razón eres sólo un recuerdo ya. Te lloré.

Y les lloré... Le lloré a mis hombres, a los hombres de la Magdalena, a la vida de estos últimos meses. Ah, Dios santo, cuánto pasa en seis meses: Los amantes comienzan a ignorarse, Rocamadour y la Maga se anulan, Fermina y Florentino se evitan... Y yo, no sé, pero creo que muero en seis meses. Morí, me suicidé en seis meses de desmadres, de huelgas, de pasiones, de tormentas y frentes fríos.

Y... y... y...

Pero... ¿no regresarás?

No, esa noche fue la despedida, no el regreso a la normalidad.

Pero... pero... pero... me estoy muriendo sin tu amor.

¿Cuál amor, mina? No existió.

Y bueno, tomé conciencia. No vale la pena andarse lamentando por un amor que nunca estuvo.

Llovió en mi mundo, quise dejar la vida, quise prender velas, escuchar Liebestraum y darme una muerte decimonónica. Quise beber cera, quise ahogarme con mis lágrimas y quise prenderme con gasolina. Pero un amor contrariado -o al menos ese- no valía la pena.

Y llegaron los cambios de humor. Ahora no soy bipolar, sino tetrapolar. Mi evolución fue algo así:

Unipolar ---> Bipolar ---> Tripolar ---> Tetrapolar.
(0-12 años) (12 - 15) (15 - 19) (19-?)

Y paso de la tristeza a la rabia (y lloro sin saber si es de rabia o dolor), de la rabia a la ansiedad y de la ansiedad a la paz. Hoy experimenté algo nuevo: Amor. Oh, l'amour.

Y Magdalena grita: No de nuevo.

No de nuevo... no, no, no. Estoy toda loca y es tarde. Sería mejor ir a dormir, por higiene mental.

1 comentario:

  1. me gustó,

    me gustó mucho, y creo que de alguna maner vi un poco de eso cuando pasó


    sigue gustandome, el talento se ve fulgurante en el filo el borde de las letras que usas

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