sábado, 2 de enero de 2010

Feliz año nuevo, Magdalenita.



Y así pasó otro año, trayendo mil cosas nuevas, recordando otro montón de cosas viejas.


Me enamoré, lloré, reí hasta que las mejillas explotaron, me cansé, mandé todo al demonio, me recuperé y lo mejor de todo: viví.


Alguna vez me enamoré, como se enamoran todos, y esto del amor es como escribir una carta que no será respondida nunca; es tener esa duda que mata lentamente y se pasa como tragos amargos de alcohol por la garganta.


Nada existe y nada se entiende. No tiene sentido explicar las cosas, porque pierden el sabor.


El amor no se debe entender. En realidad nada debe entenderse del todo, porque pierde sentido. Los fragmentos de tu alma y del alma de todos los seres sobre la faz de la tierra son incomprensibles e incluso absurdos, pero en eso radica la belleza, eso nos mantiene respirando.


...Y así me encuentro por enésima vez, escribiendo cosas en la madrugada que no tienen sentido.


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