
viernes, 27 de mayo de 2011
Paper Bag

lunes, 21 de marzo de 2011
Porgy

viernes, 18 de marzo de 2011
Paint it black

Ay, Magdalenita, sigues comprando libros en ediciones bilingües en lugar de meterte a clases de francés. Sigues leyendo poetas malditos, sigues destruyendo todo lo que tocas, ¿algún día piensas parar?
Pones tu cara de mártir, te arrancas las pestañas, te muerdes los labios. Bailas, bailas, bailas hasta sangrar, sigue, maldita. Un, deux, trois. A tiempo de tres cuartos. ¡Sécate las lágrimas! Cada vez resecan más la piel de tu rostro.
Acabas de caer, el baile te agotó. Siempre es lo mismo.
Cambia, deja de llorar, haz algo. Si lo amas no lo dejes ir. Sigue moviéndote, arpía, moira, alma perdida. No solucionas nada poniendo cara de ninfa agonizante. No conseguirás hallar las piezas que faltan si sigues estática, perdida en este "valle de lágrimas".
Histriónica de merde, te odio.
domingo, 27 de junio de 2010
Far away, so close... it's never enough

Nada duele más que un corte hecho por tu propia sangre, nada hiere más que el aliento caliente y las palabras de navaja. Soy una de esas mujeres, soy una mujerzuela, soy un corazón de condominio.
Lamento que mi felicidad te traiga malestar, pido disculpas por ser así, pido perdón por considerar al amor como un aspecto importante en mi vida. Perdón por no ser de las mujeres que sólo buscan un millonario, modelo y extranjero, sin importarles ninguna clase de sentimiento.
Y sí, como dijiste: "tal vez te estoy condenando a estar sola"; me condenas, me hieres, me haces un nudo en el estómago.
Lloro de rabia, de vergüenza, de dolor. Lloro, pero estaré acompañada hasta que yo decida, porque ya no tengo diez años. Soy un choque automóvilístico, destrozo la imagen de un paisaje perfecto, las llantas siguen atropellando los conceptos de "correcto e incorrecto".
Gracias por tirar la primera piedra a la Magdala.
Sleeping under Calico skies

sábado, 26 de junio de 2010
Pérdida
Su androginia lograba hacer pedazos mi depresión (lamento haberte tratado como hembra durante tanto tiempo). Sus canciones favoritas me metían en un estado de irritación inigualable, sin embargo, no podía dejar de escucharlas por verlo tan feliz (y hoy es demasiado difícil escucharlas sin romper en llanto).
Las lágrimas hacen un surco en mis mejillas y ni siquiera fumar es lo mismo sin su presencia. Extraño su calor en mis pies, la temperatura de su cuerpo en mi cama y su dulzura de lucky charm.
Extraño escuchar a Au Revoir Simone a altas horas de la noche, mientras yo fumaba, leía y él sólo me miraba con esa expresión flemática que lograba convertir mis lágrimas en diamantes.
Movía las orejas con la música que le gustaba, lloraba si escuchaba música demasiado pesada -y no sólo lloraba, sino que me pedía a gritos que quitara la música que no era de su agrado- su armonía traía paz a mi alma.
Los últimos días fueron difíciles. Su agonía es una de esas experiencias que la mente va borrando poco a poco, como una fotografía vieja. Me atravesaba con su luz azul, con sus pupilas gigantescas y me pedía un beso en la frente, como los que le daba cada noche antes de dormir.
Fue mi confidente por siete años, me conocía mejor que nadie y sabía exactamente en qué día del mes debía acurrucarse en mi vientre. Me curaba sin pedir nada a cambio. Fue mi hijo, mi hermano, mi mejor amigo.
Todos somos polvo.
Lo tendré a mi lado hasta el día en que deje de respirar.
martes, 1 de junio de 2010
El desengaño de la muerte

Pero los cuentos de hadas no existen, y el amor de mi vida no era una estatua viviente. Eso de estarse haciendo historias en la cabeza puede resultar nocivo.
Me quedé sentada bajo un árbol, contemplando a la muerte y lanzándole miradas furtivas, para así conseguir vida eterna; sólo tentándola, esperando una señal. Esperé hasta que el teatro se cayó sobre mi cabeza, hasta que el cielo brilló, causando molestia en mis ojos tornasoles. Esperé, y no encontré a Nino, ni a Esteban, ni a Florentino, ni Oliveira... sino que encontré un simple mortal.
Cabello largo, ropa sesentera, lentes sesenteros, complexión robusta y un rostro inexistente. La muerte volvió a la vida, muerta de calor, y yo volví a morir después de tomarme tres litros de desengaño.
Mort, mort, mort.
Un simple mortal, sin rostro ni aura, junto a un jesucristo urbano que brinda sonrisas a la Magdala.
...Horas después lo encontré.
Mortal, mortal, MORTAL. Me invitó una cerveza, quiso hablar conmigo, pero su rostro no tenía brillo, sus dientes estaban demasiado amarillos y parecía tener días sin bañar.
Seguiré tejiendo mi mortaja, como Penélope esperando a Ulises.
Y seguiré envenenándome con arsénico adicionado con desengaño.