domingo, 24 de junio de 2012

Mujer fuera de servicio


He decidido irme a descansar por un rato. Sí, descansaré de tus rosas, de tus miradas, de tus juicios, de mi cabeza, de tu cabeza, de aquella palabra que este día tanto me revienta "nuestra". Pienso mandarte al carajo, mandarme al carajo, mandarlos al carajo.

Y no, no voy en contra de nadie. Nada más es uno de esos días en los cuales te despiertas sólo para darte cuenta de que dios o el diablo pusieron una piedra en tu zapato. Estuve caminando toda la semana con una piedrita minúscula atravesada, pero tuve tanto que hacer que hasta hoy, domingo, he logrado sacarla y sí... la mandé al carajo también.

Hay veces en las cuales hace falta gruñir un poco. A ratos se antoja ser un animal salvaje, no necesitar nada, no necesitar de nadie, olvidarse de los estándares, olvidarse de las letras, anular la posibilidad de verbalizar todo aquello que se sienta. A ratos se me antoja salir corriendo sin rumbo fijo, completamente sola, sin un "tú", ni un "yo", ni un "nosotros", sin saber qué soy ni a dónde voy. 

De pronto pienso que vivo en una jaula y necesito salir pero estoy tan domesticada que no sé cómo.

Y me dan ganas de mandar la caminadora, la bicicleta y demás artefactos al super diablo. Me dan ganas de desenchufar mi lóbulo frontal por un momento, para dejar de sentir, aunque, me parece que el problema no es lo que siento, sino lo que pienso. Mi cerebro es como una máquina que no para.

Me dan ganas de pedirle a todos que se callen, que dejen de decirme cosas que, honestamente, en este momento, no soy capaz de sobrellevar. Me dan ganas de meterle un golpe en la nariz a más de una persona, sacar mi recuerdo del inconsciente de otras y borrar cualquier rastro de mis crímenes.

La mujer fuerte que conoces está en estado de hibernación. No trates de localizarla.




No hay comentarios:

Publicar un comentario