
"I don't care if it hurts, i wanna have control. I want a perfect body, i want a perfect soul"
-Radiohead (creep)
Despiertas, es otro de esos días tediosos. Más bullying en la escuela, más miraditas de pistola y más etiquetas: Pinche anoréxica. Sonríes, sabes que en algún momento serás la más delgada, la más bonita, la más lista, la más deseada, la más envidiada y esa bola de perras cerrarán el hocico finalmente.
Maldices un poco a tu cabeza, todo te da vueltas, tienes frío.
Te diriges al cuarto de baño, te dejas ir en el agua, te vas por la coladera y llegas al más profundo de los abismos. Te sientes sola, te sientes la peor de las tramposas, la peor hija, la peor novia, la peor mujer del mundo.
No tienes idea de cuándo va a parar todo esto.
Sales de la alcantarilla, bañada en mierda, pero sonríes al espejo, ensayando la felicidad que proyectarás. Te vistes y a pesar de que los jeans talla cero se resbalan por tu cadera (o lo que queda de ella) pasas diez minutos frente al espejo, observando tus gordos brazos mientras piensas que tu vida sería mucho más fácil si pesaras 35 kilos (o mejor aún, 33). Lloras un poco mientras te insultas. Luego llega la maldita pregunta de todas las mañanas: "¿Qué quieres de desayunar?" Coñazo, no quieres nada. Contestas con un grito y causas un conflicto más. Dices que no te sientes bien, que tienes náuseas, que te duele el estómago, que te va a dar gripe... mil excusas que piensas que van a funcionar.
Mueres por un cigarro, es lo único que te quita el hambre (si es que la sientes en algún momento), te golpeas el estómago y pides a Dios (o quien sea, puesto que hace mucho dejaste de creer en él) que nadie se dé cuenta. Terminas por ponerte el brassiere que ya no llenas y luego te pones una blusa holgada. Tienes frío, mueres de frío. Te atascas de rubor para evitar que se note lo amarillento de tu piel, para camuflar un poco el vacío que tienes en el cuerpo y en el alma. Cepillas tu cabello con horror: sigue cayéndose.
Te vas al infierno, llegas a la primera clase y te reciben con cara de espanto. Estás de mal humor, quieres que se callen, quieres cerrarles el hocico a esa hueste de ballenas de Belcebú. Pasan las horas, entras a la clase de teatro, te pones a bailar y sientes la taquicardia típica.
-Carajo... no quiero desmayarme.
Te quedas sola a la hora del receso mientras observas la obesidad de todos aquellos que te rodean.
-Imbéciles.
Pasan días, meses, años. Llegas a una nueva etapa, pensando que todo irá mejor, aunque sabiendo en el fondo que NADA mejorará. Sigues en la misma rutina, sólo que sin cerdas que te apedreen a la menor provocación. arreglas tu horario en la universidad para no tener que llegar a casa a comer. Pesas 38 kilos con ropa, supones que ya llegaste a tu meta, sin embargo, sientes que tus mejillas se inflan cada vez más. Amenazan con internarte en una clínica.
-¡¿Y qué voy a hacer en una clínica?!
Te importa un reverendo carajo, que te internen si quieren (de todas maneras puedes engañar a todo el mundo si te lo propones). Sonríes de una manera casi hipnótica, fumas de manera sensual para distraer, hablas de lo mucho que amas comer hasta hartarte y omites la parte de los vómitos autoinducidos. Llegas a casa todos los días para atascarte de pastillas que queman grasa, decides aumentar la dosis aunque sea perjudicial para el cuerpo, te plantas en la caminadora, comienzas a correr y de pronto caes con un golpe seco.
-Eso te pasa por gorda. Si no estuvieras tan vaca no te cansarías.
Llegas de emergencia a terapia, se te cayó el teatrito. Los cortes que te hacías en el abdomen cada vez que comías de más no le parecieron lindos a nadie (ni a tu mami). Princesita del olor a naranjas picadas, soberana del mundo de la cetosis: Fallaste.
-Antidepresivos, cocktails, sesiones de terapia, au revoir gimnasio, au revoir éxito.
Ay, reina, pero esto querías ¿no? Tocar fondo, irte a la mierda, ahogarte. No te suicidaste a los trece años porque no te atreviste, entonces decidiste matarte lentamente. Princesa, tómate la pastilla para que tu sonrisa famélica sea un poco más creíble.
Dices que te sientes mucho mejor.
...Y un día te sientes mucho mejor. Olvidas todo, amas esos senos que vuelven a crecer, comes. Sigues tomando las pastillas de dieta a escondidas. Tus amigos dicen que nunca te han visto comer. De vez en cuando le das tu comida a un indigente, finalmente estás haciendo un bien a alguien que lo necesita. Eres una víctima del mainstream, Magdalenita. Tu corona es de porcelana al igual que tu alma.
Pasa el tiempo, te sientes mejor...
...Hasta que recaes.
me estás asustando...
ResponderEliminarWow, el mejor que he leido.
ResponderEliminarGracias (: ¿Quién eres?
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